Debo haber tenido unos doce años cuando comencé la genealogía, hace más de cincuenta años. En los años 70 no existía la microinformática y fue con un lápiz que escribí mis primeras investigaciones y dibujé mi primer árbol. Acompañado de mi madre –volveré a hablar de ella– fui a los ayuntamientos de los alrededores de Saint-Ciers-d’Abzac, el pueblo de mi infancia en el norte de Libourne, en Gironda, para hacer mis primeras lecturas en los registros civiles.
Luego practiqué esta afición esporádicamente, racionalicé mi técnica con microordenadores y seguí remontando las ramas de las familias RAMBAUD y DUPUY, por parte de mi padre, y BRIEU y RATHIER, por parte de mi madre. Pero en la medida en que avancé en mi investigación y subí a las ramas, solo acumulé antepasados, todos campesinos, en un radio de 10 km. La primera observación de cualquier genealogista aficionado en Francia: casi todos venimos del mundo rural: pequeños agricultores, algunos artesanos, ¡todos campesinos! ..o casi.
Para salir de esta monotonía, comencé la genealogía con Nicole, la madre de mis hijos. Al lado de su padre FURET, exploré la Baja Normandía y descubrí conexiones entre unos pocos labradores acomodados y la nobleza menor sin dinero. Del lado de su madre BOULIER, descubrí el mundo de los pieds-noirs de Argelia, un crisol de poblaciones de los cuatro rincones de Francia (Mosela, Ardèche, Pirineos Orientales, Mayenne, etc.) pero también de España (Menorca, Valencia, etc.) y Malta. Crucé un mar y mi campo de investigación se amplió considerablemente.
Finalmente, mi hija Anne se casó con Axel, un mexicano de una familia de españoles. Algunos de ellos fueron conquistadores y entre sus antepasados algunos -nobles- contribuyeron a la Reconquista española. Baste decir que para un entusiasta de la historia y la geografía y un hispanohablante como yo, estas nuevas perspectivas han multiplicado por diez mi motivación para continuar mi investigación y, sobre todo, para compartirla publicando crónicas y anécdotas a través de un blog.

Rafael, mi primer nieto, es el mínimo común denominador de nuestras dos familias separadas por un océano; Elegí darle su nombre a mi blog.
También trataré de estrechar nuestros lazos traduciendo mis columnas a la lengua de Cervantes. Por cierto, una primicia: hablaré del brillante manco de Lepanto, autor de Don Quijote, en un próximo artículo.
Acceder a los datos y arboles genealogicos : https://rafaelexploreletemps.fr/a-propos/

Laisser un commentaire